Estirar la mano y no sentir nada. Escuchar cada uno de mis
movimientos, identificarlos con un color. Ante mí una paleta de sabores. Afuera la gente sigue moviéndose, lo sé porque puedo
escuchar los ruidos de la calle, pero no me molesta, ya no me invitan a
levantarme, a salir y averiguar qué anda
mal. Me muevo dentro de la cama buscando una postura que no moleste, que me
permita seguir con los ojos abiertos en otro sitio.Vuelvo a soñar lo mismo. ¿Cuántas veces se puede soñar con
lo mismo?
Mis pies flotan sobre
una hoja de papel. Puedo ser yo o cualquiera la que viste de azul y se pierde
en el cielo. Un sonido dentro de
la casa hace que me mueva, me invita a despertar, pero no quiero, me siento y
eso me basta. Mis abrazos son alas de
mosca que me llevan a probar cada detalle del mundo. Soy una mosca golosa que
sólo se posa sobre lo que le gusta.
Mis alas se extienden, estiro mis patas quiero que mis
huellas se impregnen en el sabor de las cosas.
Soy papel y mosca. Soy mosca dentro de mis sueños. Soy el papel que he postergado. Soy un sueño
cotidiano. Soy de papel. Soy una mosca de papel.
La hoja de papel sobre la floto comienza a moverse cada vez
más rápido y cambia de dirección de manera arbitraria. No hay sonido. No hay un
sitio al cual dirigirme. Me dejo llevar y mis alas desaparecen. Mis brazos arden al contacto con el viento. La hoja comienza a
romperse. Ya no floto. Voy en caída libre.
Lo normal es que para este punto tiemble de miedo, que grite o intente salvarme, pero por
el contrario yo quiero saber cómo acaba este sueño repetido, a dónde ha de llevarme esa caída.
Un punto negro
aparece en la muñeca de mi brazo izquierdo. Cierro los ojos, el azul del cielo desaparece. Mi peso no
importa. El impacto será equivalente a la sorpresa del lugar que me reciba.
Es el ruido del primer mundo el que me indica que el sueño
ha terminado. Son las luces del día los que no me dejan ver que un punto se
convierte en línea debajo de mi piel, una línea que más tarde seguiré, más tarde cuando
las luces y los sonidos no cuenten como realidad.
El sueño inicia y termina de la misma forma cada noche y
cada despertar busco el punto debajo de mi brazo, pero no crece no avanza.
Salgo de la cama, sigo la línea punteada que me lleva a todas partes, la que me
permite rodear cada detalle.
Ya no hay hoja de papel. No hay alas de mosca. Todo es caída libre. Un sueño repetido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario