Nadie me ha dicho que escriba. No me han ofrecido un pedazo de papel y
me han pedido que me queje ahí, que vaya guardando mis memorias. Pero qué
palabra: M E M O R I A. Tengo miedo de perderla, más miedo me da que alguien pretenda
contar mis historias y que no las cuenten como es debido, tampoco sé a qué me
refiero con eso.
Yo puedo decir que hay mucho para contar y que nadie me ha ofrecido un
muro para llenarlo con mis palabras, pero podrían darme el muro y ni mi nombre
voy a querer escribir.
He estado reclamando ese espacio, que estado diciendo que odio el típico Había una vez, pero no puedo renunciar al Érase una vez. He querido ser más que una vez, más
que tres palabras que invitan a querer escuchar. He querido ser el deseo y
permanecer.
Nadie me ha pedido que cuente una historia, cualquier historia, sin
embargo, yo voy y la cuento. No detengo a la gente en la calle. No rompo
internet con una noticia ni siquiera le pido a mis amigos que se queden a
escucharme. Yo agarro y la escribo, le borro por aquí por allá, la borro toda,
la vuelvo a pensar, la abandono, regreso a ella, dejo de entenderla, sentirla,
quererla.
Nadie me ha dicho que hable de un tema en particular y por eso quiero
hablar de todo. Las palabras se me junta y las confundo, no las invento, ellas
vienen y deciden en qué lugar han de quedarse. Cuando, por fin, encuentra su
sitio quiero correr y agradecerles, pero no lo hago, las contemplo, dejo que se
queden un rato ahí, sin moverse, sin existir. Las miro con la distancia
que creo deben ser vistas.
Ciertamente nadie me ha dicho: ¡Anda, escribe!; también es cierto que
nadie me ha dicho: No, aquí no puedes venir a llenarnos con tus palabras. Estoy
sobre la línea que me permite contemplar ambos lugares, estoy perdida o
cobijada. Sólo estoy. Tomo las palabras y las dispongo en no sé qué orden,
queriendo provocar no sé qué sentimiento. Tomo las palabras antes de que se
vayan y no puedan volver a encontrarme.
Escribo rápido, casi con prisa, hay una súplica pequeña para que las
letras no se me vayan. Escribo lento, repito tantas veces la misma palabra
hasta que siento que no existe, que la acabo de inventar, la abrazo, siento que
sólo a mí me pertenece ¿En dónde está mi muro? ¿Quién quiere escuchar una
historia?
Érase una vez...


