―¿En
qué me quedé? ¿Qué te estaba diciendo?― me preguntas.
Yo subo los hombros e
inicias nuevamente el relato. Veo tu boca moverse, pero no escucho lo que
dices. No tiene sentido ponerte atención, al menos, no desde el principio.
Ambos sabemos que tienes un talento natural para mejorar tus historias, por eso
ahora te ignoro. Sé que la próxima vez
que inicies el relato te darás cuenta de los errores del pasado, llenarás los
huecos, cambiarás el adjetivo que viene sobrando, y entonces sí, ¡Qué historia!
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