miércoles, 9 de abril de 2014

Caída Libre

Estirar la mano y no sentir nada. Escuchar cada uno de mis movimientos, identificarlos con un color. Ante mí una paleta de sabores. Afuera la gente sigue moviéndose, lo sé porque puedo escuchar los ruidos de la calle, pero no me molesta, ya no me invitan a levantarme,  a salir y averiguar qué anda mal.  Me muevo dentro de la cama buscando una postura que no moleste, que me permita seguir con los ojos abiertos en otro sitio.Vuelvo a soñar lo mismo. ¿Cuántas veces se puede soñar con lo mismo?

 Mis pies flotan sobre una hoja de papel. Puedo ser yo o cualquiera la que viste de azul y se pierde en el cielo. Un sonido dentro de la casa hace que me mueva, me invita a despertar, pero no quiero, me siento y eso me basta.  Mis abrazos son alas de mosca que me llevan a probar cada detalle del mundo. Soy una mosca golosa que sólo se posa sobre lo que le gusta.

Mis alas se extienden, estiro mis patas quiero que mis huellas se impregnen en el sabor de las cosas.
Soy papel y mosca. Soy mosca dentro de mis sueños. Soy el papel que he postergado. Soy un sueño cotidiano. Soy de papel. Soy una mosca de papel.

La hoja de papel sobre la floto comienza a moverse cada vez más rápido y cambia de dirección de manera arbitraria. No hay sonido. No hay un sitio al cual dirigirme. Me dejo llevar y mis alas desaparecen. Mis brazos arden  al contacto con el viento. La hoja comienza a romperse.  Ya no floto.  Voy en caída libre.

Lo normal es que para este punto tiemble de miedo, que grite o intente salvarme, pero por el contrario yo quiero saber cómo acaba este sueño repetido, a dónde ha de llevarme esa caída. 

Un punto negro aparece en la muñeca de mi brazo izquierdo. Cierro los ojos, el azul del cielo desaparece. Mi peso no importa. El impacto será equivalente a la sorpresa del lugar que me reciba.

Es el ruido del primer mundo el que me indica que el sueño ha terminado. Son las luces del día los que no me dejan ver que un punto se convierte en línea debajo de mi piel, una línea que más tarde seguiré, más tarde cuando las luces y los sonidos no cuenten como realidad.


El sueño inicia y termina de la misma forma cada noche y cada despertar busco el punto debajo de mi brazo, pero no crece no avanza. Salgo de la cama, sigo la línea punteada que me lleva a todas partes, la que me permite rodear cada detalle. 

Ya no hay hoja de papel. No hay alas de mosca. Todo es caída libre. Un sueño repetido. 

viernes, 21 de marzo de 2014

De mi poemario Bestiario, ganador de 2do. Lugar en en la categoría de Poesía en el XIV Premio de Filosofía y Letras 2013.


KINKAJÚ


Y detrás de cada pesadilla: un mono nocturno.
Amarillo marrón que amenaza en convertirse  tormenta.
Ser de hábitos comunes,
hábil trepador,
contorsionista, devorador de flores.
¡Vamos!, salta de esta pesadilla
limpia tus culpas,
ve, busca el fruto.
ése que no se amarga en tu boca,
estírate,
redes cazadoras,
busca la selva madriguera donde reptarás durante el día.

Mono diminuto, temible monstruo,
kinkajú,
detrás de tu nombre el enigma:
en medio del azabache de tus ojos;
la luz de terror.



MANIACTUS

El maniactus no posee arco ni garras. Observa a sus presas, les hace saber que está presente en todo momento. No se mueve con sigilo ni se oculta. Nunca muestra sus dos caras, pues le gusta confundir al enemigo.
Con sus más de trescientos y diminutos ojos amarillos registra cada movimiento, no hay ruta que no conozca, ni rumor o burbuja que no perciba.
El maniactus es un ser solitario, sin forma fija. Lo mismo da que vista de gris o de rojo, si su pelaje es largo o corto, ya que nadie puede dejar de ver sus temibles ojos amarillos.
Desde la soledad de su nido se teje con sus propios brazos un manto que nunca lo ha de cubrir del frío. 

domingo, 23 de febrero de 2014

¡Ya no quiero volver a soñar!


El perro me mira desconcertado, y sé que tengo miedo, mucho más que él. Su respiración me parece más acelerada, casi violenta. La recámara se ilumina con las bombas que anuncian la fiesta de la iglesia. El perro llora y yo trato de calmarnos. Quiero que el sol salga y nos caliente un poco. Quitarme la duda. Salir corriendo y asegurarme de que aún está todo ahí, justo en el sitio donde lo he dejado meses atrás.

La respiración del perro inunda la habitación. Llena cada parte y las imágenes regresan a mi mente. Las manos me tiemblan y tengo mucho miedo. Los sueños no sirven para nada, pienso. Lo único que quiero es olvidar. Sí, cerrar los ojos y borrar esta nueva preocupación. A partir de este momento renuncio a los sueños, me repito. Ya no quiero ver todos los colores juntos ni formas diferentes e inexistentes. Deseo borrar todo, pero mantener la calma. ¡Ya no quiero volver a soñar! No me importa nada. Quiero arrepentirme más adelante, pero dejar de ver rostros que me abandonan, dejar los sueños atrás y mantener la pantalla en negro sólo por algún tiempo. 

El perro mantiene fija su mirada en mí y no puedo tranquilizarme. Tengo tanto miedo de que este sueño se convierta en una certeza. A nadie le gusta andar husmeando en el futuro. Nadie tiene tiempo para vivir con el remordimiento.

Salgo de la cama. Extiendo las sábanas y vuelvo a acostarme. Trato de regular mi respiración. Cierro los ojos. Trato de no pensar en nada. Cuento hasta quedarme dormida. Me doy vuelta y el perro se despierta. Respira fuerte y largo, sé que es su forma de quejarse. Durante el resto de la noche nos turnamos para interrumpir nuestros sueños, nos permitimos asegurarnos de que cada ladrillo, libro, sonrisa siga en su sitio.

jueves, 6 de febrero de 2014

MEGAGATO


MEGAGATO

Mamífero que no responde a la gravedad, es capaz de adoptar cualquier forma y color.

En las noches de luna llena se posa enfrente de ella provocando mareas altas, alterando la hora y el orden de los viajes. Le gusta provocar espejismos y comer estrellas mientras los solitarios dan paseos circulares. 

jueves, 21 de noviembre de 2013

BESTIARIO

De mi poemario Bestiario, ganador de 2do. Lugar en en la categoría de Poesía en el XIV Premio de Filosofía y Letras 2013. 


MOSCA
Este no es tu sitio
ni tu espacio.
Miles de veces el mismo lugar invadido,
zumbido infinito.
Alguien debería darte un trozo de pan,
eterna queja alada.
Todo el espacio es tuyo,
Diminutas marcas negras delatan tu atropello.
Retrocedes y el tiempo te pertenece,
nace dentro de ti algo efervescente,
rebasa tu cuerpo
y nos salpica a todos.
Ira alada,
 atraviesas,
irrumpes cada centímetro,
tus marcas están sobre todas las cosas.
Nada te pertenece,
deseas todo para ti,
incluso lo que no ha sido creado.

Quisiera responder sólo ante  el estimulo de la seda sensorial,
posarme con libertad,
estirarme encima de todos,
ir destapando cada poro,
rellenar los huecos
y agitar,
ver volar a todos
los miles de zumbidos siguiéndote,
venerándote,
preparando el cañón que te borrará.

Quisiera estirar tus alas
hacerte parte de mi colección.




LA PULGA

Ni el manto de tu madre nos mantendrá a salvo.
Siempre te perseguirá tu estirpe,
padre de tus sobrinos,
has condenado a que se repliquen generaciones
todas las voces serán iguales
y ante el espejo la ansiedad.
El terror será tu única recompensa,
trotador de mundos femeninos para siempre fecundados.

Ante ti caerán todas las leyes,
que vengan todas las voces en un solo reclamo,
que vengan y exijan tu cabeza,
tú, el que nunca conocerá la luz,
el por siempre no nacido.

Ansiedad y quebranto, tu legado
de suciedad y lamento,
brinca, brinca, permite que tus hermanas se alejen,
y dentro la historia
del infinito que respira
la eternidad. 

Ivonne Vira