Siempre a la misma hora tengo la impresión de que en algún lugar estás esperándome. Te imagino en la misma silla de siempre detrás del periódico riéndote de la tanta insensatez. De vez en cuando miras el reloj y buscas, entre la gente que pasa, mi rostro. No haces ningún tipo de mueca, no tienes una cara especial que indique que estás esperando encontrarme. Simplemente miras lo que hay a tu alrededor. No esperas nada. En cambio tú deberías mirarme entrar en este estado de pánico y felicidad. La boca se me seca y las manos sudan. Pienso que hoy tendré suerte. Hago las cosas bien y con mucho cuidado para no dañar tu recuerdo. ¿Era está la calle? Eso no importa, basta que en mis recuerdos elaborados te piense en esta calle esperando abordar algún autobús, dirigiéndote a cualquier parte, pero siempre con la intención de ir a mi encuentro.
Sólo a veces yo también quiero coincidir contigo. Camino por las calles que alguna vez transitamos juntos, pero se caen de ordinarias. Pienso que bien pudiste caminar por aquí un día cualquiera que ibas a ningún destino en particular. Otras veces, y en las que me convierto en una creyente ferviente y espero que al dar la vuelta estés en la parada.
Imaginarte es tan fácil que hubo un tiempo en el que evite por completo una gran avenida. No me importó caminar varias calles para rodear el lugar. Ahora lo sé, tenía miedo de encontrarte. Temblaba cada vez que la luz roja me sorprendía y no había ningún remedio más que el de permanecer ahí. Por segundos lo único que me habitó fue el pánico. Un pánico especial, uno que me recordaba detalles, que me sacaba una que otra sonrisa. ¿Y si te hubiera encontrado parado esperando para poder avanzar? ¿Qué nos hubiéramos dicho?
Sólo puedo pensar que tú sí me hubieras encontrado. Tú sí me hubieras visto una y otra vez doblar la esquina, detenerme a mirar antes de cruzar la calle, riendo ante el mal clima. Tú sí, pero yo no.
Poco a poco caminar se ha convertido en evitar calles, en llenarse de ilusión, en nunca perder la esperanza de que un día la fantasía sea realidad, de que la sombra desconocida sea un cuerpo conocido. Caminar y esperar.