IVTODOS tenemos una
partícula del odio.
Y nuestros corazonesque fueron hechos para albergar amor
retuercen hoy sus músculos, bombean
los jugos desesperados de la ira.
y nuestros corazones
otro tiempo tan plenos
contraen cada fibra
y explotan.
VI
Todos tenemos una partícula de
odio
y cuando el índice se agita señalando con fuego
cuando imprime en el aire su marca de lo infame
cuando se erecta pleno falange por falange
¡Ah! qué lluvia de ácidos reproches
qué arduos continentes se contraen.
El gest, el ademán, la mueca
el dedo acusativo
y la uña
¡ay! la uña
corva rodela hincándose en el pecho.
VII
Todos tenemos al que reprocharle al mundo
su inexacta porción de placer y de melancolía
su pausada, enojosa, virtud de quedar más allá
en otra parte
donde nuestras manos se cierran con estruendo aferradas al aire de
la desilusión; su también, por qué no, circunstacia de borde, de
extrema lasitud, de abismo ciego; su inoportunidad, sus prisas.
VIII
Todos tenemos algo que decir de los demás
y nos callamos.
Pero siempre detrás de la sonrisa
de los dientes felices, perfectos y blanquísimos
en sueños destrozamos rostros, cuerpos, ciudades.
Nadie podrá jamás contener nuestra furia.
Somos los asesinos sonrientes, los incendiarios,
los verdugos amables.
(CODA)
En alguna parte de nuestro cuerpo
hay una alarma súbita
un termostato alerta enviando sus pulsiones
algo que dice:
ahora
y sentimos la sangre contaminada y honda a punto de saltarse por los
ojos, las mandíbulas truenan y mascan bocanadas de aire envenenado
y la espina dorsal, choque eléctrico, piano destrozado y molido por
un hacha y los vellos, las barbas y el escroto, se erizan puercoespín
y las manos se hinchan de amoratadas venas, el cuerpo sacude
convulsiones violetas y todo dura sólo, apenas, un segundo y una
última ola de sangre oxigenada nos regresa la calma.
viernes, 25 de junio de 2010
CASIDA DEL ODIO- MARIO BOJÓRQUEZ
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