...Y es que para ellos escribir era buscar la severidad del lenguaje que reflejará la despiadada alternativa que la historia ofrecía a sus vidas. Escribir era espectacular, marcar y delimitar el ámbito de su herida incurable.
Y precisamente de esa intensidad de lo incurable nació la necesidad del remedio, curación que consistió en llamarlos románticos por lo que no eran, en creer que alguna vez encontraron el fantasma que decían buscar. Pero no todos los hombres son románticos, no, no todos encuentran está curación en la esperanza. Hay otros, otros que regresan a la herida para abrirla más, que regresan a su cuerpo para reconocer que no es su cuerpo, que regresan al lenguaje -a la literatura- para negar que alguna vez hubo paraíso.
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