martes, 19 de febrero de 2013

Cartas vs. Recados


He descubierto que las cartas no son lo mío, yo prefiero los recados.

 Los recados tienen muchas ventajas, sólo tienes que anotar lo que deseas decir, no hay más. Por supuesto que para escribirlos hay que tener mucha claridad y precisión en el mensaje que se desea transmitir, en las cartas uno desvaría, termina contando anécdotas, poniendo al día al otro. Yo prefiero los recados, me arrepiento de las cartas que escrito últimamente, yo hubiera querido ser franca y breve, pero me dio por lo poético, lo elaborado cuando en realidad quería decirle: Vine a verte. Llámame, quiero verte. Pero no, me senté a pensar más en cómo quería decirle las cosas que en el mensaje, y claro terminé escribiendo una carta ni larga ni breve y ahora dudo, puedo afirmar que el mensaje se perdió entre tanta palabrería. 

Dejé que los reclamos acerca de mi brevedad me invadieran, por eso me puse en mi papel epistolar, pero falle. No entendiste el mensaje y ahora lo confieso: YO ODIO LAS CARTAS. 

lunes, 18 de febrero de 2013

El último Tango


Si usted la viera se moriría de la risa. Nunca se le había visto en tal estado, pero  créame, esa que le digo es ella, no tengo porque mentirle.

Le digo que la vi sentada afuera, en el balcón. Estaba escuchando la música que cree que le pertenece al hombre de la mesa de noche. Estaba fumando y trataba de seguir la letra. De verdad que fue todo un espectáculo, comenzó con un volumen moderado, pero después fue inundando toda la calle, cantaba para quién sabe qué público. Más tarde cuando el sol estaba en su mejor color, ella comenzó a llorar. Se quedó ahí hasta que el frío comenzó a sentirse con más fuerza. Cerró el balcón, fue directo al baño, se lavó la cara, salió peinada y se puso un vestido. La verdad es que se veía bellísima, lo más curioso es que se fue con un hombre con el rostro diferente al que tiene en la mesa de noche. Ella iba tarareando el último tango de la tarde.  

domingo, 17 de febrero de 2013

LO QUE SEA.



Yo deseo que usted se entere de lo que pasa. Quiero que levante la bocina y marque el número que niega, es mejor que admita que lo sabe de memoria. Llame y pregunte por mí. No tenga miedo de murmurar un ‘lo que sea’. No tenga miedo. 

jueves, 14 de febrero de 2013

PENDIENTES



Se sienta a revisar los pendientes y entre un archivo y otro la verdad se asoma. Se da cuenta que ahí está, que quizás nunca se fue y comienza a burbujear adentro de su cuerpo esa sensación que le deja mal sabor en la boca.

No sabe exactamente en que momento comenzó a odiarlo. Sólo sabe de esa sensación que le va serpenteando por el cuerpo, que termina por inundarla y por más que quisiera disfrutarla no puede, porque ¿y si las lágrimas se asoman?, ¿y si mañana pasa algo y lo cambia todo? ¿y si la sorprende? ¡Por favor¡ No te mientas, siempre hace algo que te sorprende, lo que sea, pero te hace vibrar.Le gritas, pero ella sigue de pie.

Sabe que tu cuerpo ya no es su cuerpo, y sus sueños sólo son el reflejo de alguien más. ¿Qué gana con mentir? ¿de qué sirve decir que hoy soñó que te comías un pay, el más delicioso que jamás ha probado, sino no se atreve a contar sus otros sueños? De pronto se da cuenta que no se atreve a contar otras muchas cosas que quizás el tiempo se dedique a borrar, pero ¿de verdad le preocupa? No sabe nada acerca de nadie, ni de ella, entonces entiende que correr o tronarse los dedos es inútil.

Ella finge una vez más que el archivo no existe, regresa a la agenda y se dedica a revisar los otros pendientes. 

Entrada 1 (2013)

Anda en busca de algo, de esa gran incógnita que cree ser. La miro desde la puerta, no me atrevo a llamarla, no quiero que salga de su ensoñación.

La he sorprendido por la noche dando las gracias, pidiéndole a algún ser sagrado que venga hasta ella y se quede en su sueño. Dice que sólo quiere ver su cara de sorpresa cuando la vea, cuando por fin vea que ya no es más ni la sombra del recuerdo que guarda.

No quiero que despierte, pero sus sueños son lo único que le quedan. No sé qué hacer con esta mujer que deambula de un dolor a otro, no sé qué decirle cada vez que me pregunta por sus fantasmas, de qué manera le explico que lo suyo, que esto no es más que otro de sus episodios.