Anda en busca de algo, de esa gran incógnita que cree ser. La miro desde la puerta, no me atrevo a llamarla, no quiero que salga de su ensoñación.
La he sorprendido por la noche dando las gracias, pidiéndole a algún ser sagrado que venga hasta ella y se quede en su sueño. Dice que sólo quiere ver su cara de sorpresa cuando la vea, cuando por fin vea que ya no es más ni la sombra del recuerdo que guarda.
No quiero que despierte, pero sus sueños son lo único que le quedan. No sé qué hacer con esta mujer que deambula de un dolor a otro, no sé qué decirle cada vez que me pregunta por sus fantasmas, de qué manera le explico que lo suyo, que esto no es más que otro de sus episodios.
No hay comentarios:
Publicar un comentario