martes, 7 de mayo de 2013

Fotografías



Aún trataba de asimilar todo lo que había pasado la noche anterior, pero en cuanto  encontré las fotos, volví a sentirme fuera de mi órbita.

¿Así nos veíamos, todos cansados y aburridos? Cansados lo entiendo, pero ¿aburridos? La verdad es que había pasado mucho tiempo entre nosotros, es decir, había pasado el tiempo, ellos eran, y yo, sólo estaba.

Descubrí que ellos eran, precisamente eso, una unión y yo me convertí en el anexo. Al principio pensé que estaba exagerando, pero conforme fue avanzando la noche, lo confirmé. Estaba consciente de que yo había desaparecido, y al volver no tuve ni la más mínima cortesía por preguntar  lo esencial. Trate de que todo se mantuviera igual, pero fue imposible, debí haber advertido todos los cambios. Quizás si yo hubiera...

No tuve tiempo para nada, sólo quería averiguar lo otro, lo que parecía ser lo inmediato., y por lo tanto, lo más importante. Debo admitir que tengo todos los detalles que andaba buscando, pero no hay satisfacción alguna, es más un hueco. Siento que perdí el tiempo y  es una herida lo que me queda al final.

Entre broma y broma pude escuchar todo eso de lo que me perdí, y ahora tengo que explicarles que no era necesario, que al ahorrase todos los detalles me hicieron sentir culpable, lejana.  Ellos no pudieron ver mi mueca, y no hay manera de recuperar el tiempo, o de volver al pasado e incluirme, todos sabemos que no sería lo mismo. Y ahora tengo que pretender que entiendo su lenguaje improvisado, que yo también puedo recordar. Ojalá yo...

Ahí estábamos todos, pero a tres millones de años luz lejos, tan distantes como me habían reclamado.

Vuelvo a ver la foto, pienso que quizás sólo estamos muy cansados, tan fastidiados del simulacro que hemos tenido que vivir. ¿Desde cuándo no tenemos nada que decir? ¿De qué hablábamos antes? 

Trato de no cerrar los ojos y comprender lo que sucedió, quisiera asimilar que ya no somos, pero podemos volver a intentarlo. Quizás es la falta de enfoque y la poca luz que hay en la foto, quizás sea eso lo que nubla todo y no me permite entender lo que sucede en realidad. 

sábado, 4 de mayo de 2013

CUALQUIER ESPACIO PUEDE SUPLIR EL PRESENTE.



Cierro los ojos y apunto en cualquier dirección. Pienso que  nada contiene todo lo necesario. Trato de pensar en el pasado. Fijo mi mirada en todos los detalles, pero hay pequeños borrones que no me permiten ver todo el conjunto. Quizás mañana. Quizás otro día o más tarde con otros ojos. 

        A esta hora siento que cualquier espacio puede suplir el presente. Cualquier yo puede salir disparado para siempre, y ser otro alejado de mi ser. Puede tener la ventaja de una vida que si le pertenece.

 Quiero ser el rey de los espacios en blanco. Entrar en cualquier parte de la historia y ser casi tan real como el tiempo inventado. Convertirme en el portador de las esparcimientos y los retrasos. Trazos de vidas no pasadas ni futuras. Recipiente incapaz de contener los sueños. Ver llorar a las cigüeñas. Alargar la diversión que hay detrás de la entregar de problemas y niños rotos. Esperar detrás de la puerta para poder sentir ese silencio cálido que hay detrás de la frustración.  

 Permanecer hasta que hablen esas voces que nada saben, que todo lo ignoran y que levantan muros. Que hablen esas voces negras, llenas de pasiones ajenas. Que hablen para siempre del sinsentido. Que hablen eternamente de lo que nunca han sentido. Mantenerse de pie bajo el sol sólo para ver como una piel amarga, ácida, por fin las contenga. Que las habite el trueno y la tormenta. Sus voces-lamentos llegaran a todos en forma de reliquias. Guarden un pedazo de éste, que amenaza con ser su única recompensa.

 Sus manos se alargan y me llaman a lo lejos, me hacen recordar que debo aprehender todo lo que esté al alcance de mi luz. Sus ondas me indican que camino seguir para ir de una órbita a otra, para recordar la única tarea que está atada a mi piel, me susurran que debo alienar todas las vidas futuras del hombre que pronostica el tiempo. 

 Cierro los ojos y apunto en cualquier dirección, sus manos me extraen de esta vida, y me llevan a la siguiente, donde su color huele a todos los males que no evité.

miércoles, 1 de mayo de 2013

¿QUÉ CLASE DE AVE, ERES TÚ?





Después de apagar el ordenador me imagino que alguien llega y me pregunta: ¿qué clase de ave soy yo?, seguramente respondería: golondrina, sólo porque me gusta la forma en la que vuelan al atardecer, y por supuesto el desorbitante azul de su plumaje, pero de igual forma podría responder: perico, porque no puedo dejar de pensar que alguien podría enseñarme a decir "ya llegue, cariño". También existe la posibilidad de que responda que me gustaría ser un flamingo o un avestruz, ya saben, porque ambos tienen las patas largas y delgadas, son tan diferentes el uno del otro. Eso me gusta. En qué coinciden, lo desconozco. 

Yo  veo a cada una de esa aves de lejos, y creo que puedo ser como ellas, no una mezcla, eso jamás. No, ser uno por un día o por una hora, ver qué es lo que me pueden ofrecer.

No sé, supongo que de la forma en la que sea formulada la pregunta, evidentemente, la respuesta puede variar. Algo es seguro, si me escuchas decir colibrí o pavo real debes dar la vuelta y huir, no dudes ni pienses que son aves hermosas o únicas, la verdad es que te estoy tomando el pelo,  y quizás más tarde, te diga algo elaborado acerca del por qué de esa respuesta y creas que es verdad, que de mi boca sale un canto único, pero que no deja de ser mentira. 

Supongo que sólo soy un ave que sólo pinta su plumaje dependiendo del tono en el que le canten. 

lunes, 29 de abril de 2013

El terrible quizás...


Quizás no llegue, entonces para qué preocuparse, para qué imaginar que estos muros nos contendrán por un par de minutos. Para qué hacerlo...

Tal vez  me vea antes de entrar y se de cuenta de que todo esto está mal, que es mejor dar marcha atrás. Arrepentirse a tiempo. Yo lo llamaría cobarde y él me diría imprudente. Haríamos un recuento, tal vez un inventario de todos los encuentros que hemos frustrado. Reclamaríamos cosas que carecen de sentido.

Nos imagino  cerrando los ojos al mismo tiempo.

Me acomodo en el sillón y cierro los ojos. Nos pienso tan separados como siempre, tú parado en la entrada observando cada uno de mis movimientos, también cerrando los ojos tratando de compartir este momento conmigo, entonces antes de entrar lo ves venir todo, lo real y lo imaginario. Decides que es demasiado tarde y poca la lejanía. Te vas.

Abro los ojos, y siento como tu sombra se retira.

Quizás no llegue, tal vez el tiempo es demasiada espera.

Ahora sí, con todas las ganas de mundo cierro los ojos y te reto, te reto a que no aparezcas, a que te arrepientas de último momento. Quizás yo me vaya antes de que llegues. 

domingo, 14 de abril de 2013

LA PIEL DEL DOMINGO



Abro los ojos y la luz me obliga a cerrarlos de inmediato. No quiero saber la hora. Sé que es tarde. El sol me quema la cara, pero no quiero levantarme. ¿Para qué correr el riesgo de salir de la cama? ¿Para qué arriesgarme a perder la seguridad que me ofrecen las sábanas? Sé que es domingo y eso debe bastarme.

            Entre el sonido del viento pasando debajo de la puerta y la música de la calle, intento tomar valor para mover las piernas, pero tengo miedo, a veces son traicioneras. No basta con que uno les suplique, siempre siguen su voluntad y la caída es obligatoria.

             ¿Qué desastre provocaré hoy? ¿Qué tragedia iré a presenciar?

            No hay confesión de última hora. No me molesta que el señor de la calle cante otra vez. Nada puede ser real. La piel del domingo es resistente y fácil de limpiar.

              Voy a irme lejos, al menos por ahora, mientras la eternidad se posa en cabecera. Le voy a dar la oportunidad de mirarme de cerca.

            Cierro los ojos una vez y  otra vez. Primero lento, después aumento la velocidad. Juego a que tengo seis años y mis ojos, no son mis ojos, sino una cámara y puedo tomar todas las fotos que yo quiera. Puedo guardarlo todo. Cada uno de esos momentos vergonzosos, los que más dolieron y los que llenan los huecos. Todo. 

            Me aburro rápido.

            Ahora aguanto la respiración. Primero por diez segundos, después por veinte. Me mareo. Me gusta esa sensación. Regresa a mí ese deseo por comer golosinas antes del desayuno, caminar descalzo, hacer casas con las sábanas, esconder la carne y sólo comer las verduras que no saben feas. Deseo regresar en el tiempo. Necesito ser el niño que nunca pude ser, pero soy prisionero de este cuerpo lleno de cicatrices. Pasan los años y uno descubre que las limitaciones se incrementan y los deseos, ellos también crecen de manera desproporcional.

            Vuelvo a cerrar los ojos. Me calmo y trato de respirar con normalidad. Afuera el señor de la calle sigue cantando. Taladra muy dentro de mí. Nos descubro una vez más, entre los restos del domingo, agonizando cada uno a su manera.