Quizás no llegue, entonces para qué
preocuparse, para qué imaginar que estos muros nos contendrán por un par de
minutos. Para qué hacerlo...
Tal vez me vea antes de entrar y se de cuenta de que
todo esto está mal, que es mejor dar marcha atrás. Arrepentirse a tiempo. Yo lo
llamaría cobarde y él me diría imprudente. Haríamos un recuento, tal vez un
inventario de todos los encuentros que hemos frustrado. Reclamaríamos cosas que
carecen de sentido.
Nos imagino cerrando los ojos al mismo tiempo.
Me acomodo en el sillón y cierro los
ojos. Nos pienso tan separados como siempre, tú parado en la entrada observando
cada uno de mis movimientos, también cerrando los ojos tratando de compartir
este momento conmigo, entonces antes de entrar lo ves venir todo, lo real y lo
imaginario. Decides que es demasiado tarde y poca la lejanía. Te vas.
Abro los ojos, y siento como tu
sombra se retira.
Quizás no llegue, tal vez el tiempo
es demasiada espera.
Ahora sí, con todas las ganas de
mundo cierro los ojos y te reto, te reto a que no aparezcas, a que te arrepientas
de último momento. Quizás yo me vaya antes de que llegues.
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