lunes, 29 de abril de 2013

El terrible quizás...


Quizás no llegue, entonces para qué preocuparse, para qué imaginar que estos muros nos contendrán por un par de minutos. Para qué hacerlo...

Tal vez  me vea antes de entrar y se de cuenta de que todo esto está mal, que es mejor dar marcha atrás. Arrepentirse a tiempo. Yo lo llamaría cobarde y él me diría imprudente. Haríamos un recuento, tal vez un inventario de todos los encuentros que hemos frustrado. Reclamaríamos cosas que carecen de sentido.

Nos imagino  cerrando los ojos al mismo tiempo.

Me acomodo en el sillón y cierro los ojos. Nos pienso tan separados como siempre, tú parado en la entrada observando cada uno de mis movimientos, también cerrando los ojos tratando de compartir este momento conmigo, entonces antes de entrar lo ves venir todo, lo real y lo imaginario. Decides que es demasiado tarde y poca la lejanía. Te vas.

Abro los ojos, y siento como tu sombra se retira.

Quizás no llegue, tal vez el tiempo es demasiada espera.

Ahora sí, con todas las ganas de mundo cierro los ojos y te reto, te reto a que no aparezcas, a que te arrepientas de último momento. Quizás yo me vaya antes de que llegues. 

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