Ve y explícale
al mundo por qué antes no salías, no sonreías, y que a veces tu cuerpo temblaba
por el temor a los demás. Anda ve y diles que poco a poco aprendiste un arte,
esa espada con la que ahora cargas. No digas que no es una amenaza. Te reto a que les cuentes todo. No te quedes parada,
ve y confiésate.
lunes, 25 de febrero de 2013
domingo, 24 de febrero de 2013
SE RENTA
Regresó el miércoles por la tarde. Subió las escaleras
y tocó la puerta, pero no había nadie en la casa. Se sentó a esperar. Nadie le
advirtió del anuncio que colgaba en la parte posterior de la casa.
viernes, 22 de febrero de 2013
I Wanna Hold Your Hand
Dos muchachos caminan adelante de mí. Es la forma en la que caminan la que me llama la atención. No es que uno brinque y el otro vaya cojeando. No, no es eso, es algo más, algo que sólo notas cuando les pones un poco de atención. Basta con observarlos un par de segundos para verlo, es algo diferente.
―¿Serán pareja?―me pregunto.
El de cabello largo busca algo en la mochila. Saca la chamarra, una botella, le pasa dos libros al de camisa blanca y sigue revolviendo el contenido de la mochila. El de camisa lo mira, guarda los libros en su mochila. El de cabello largo cierra la mochila y sostiene la botella con la mano derecha. El de camisa acerca su mano, la balancea, parece que quiere tocarlo y el de cabello largo se tensa, sube el brazo, lo baja. No sabe qué hacer con la botella. El chico de la camisa le quita la botella y la guarda en su mochila. El del cabello largo mete las manos en sus bolsillos. El de blanco sigue intentando rozar su piel, pero el de azul no se deja. Mientras yo pienso que si en la siguiente calle el de cabello largo no se deja tomar la mano, yo puedo tomar su lugar. Yo puedo caminar de la mano con el de blanco y que el mundo se escandalice. Que el del cabello largo se arrepienta por no atreverse a correr el riesgo.
Los miro alejarse. Sólo caminan, pero para mí es una danza. Se separan y se juntan. Sus brazos se acercan y se alejan. Y creo que en cualquier momento se van a tomar de la mano, lo harán unas calles más adelante, lejos de tanta gente, lejos de mi mirada, están esperando a estar solos.
martes, 19 de febrero de 2013
Cartas vs. Recados
He descubierto que las cartas no son lo mío, yo prefiero los recados.
Los recados tienen muchas ventajas, sólo tienes que anotar lo que deseas decir, no hay más. Por supuesto que para escribirlos hay que tener mucha claridad y precisión en el mensaje que se desea transmitir, en las cartas uno desvaría, termina contando anécdotas, poniendo al día al otro. Yo prefiero los recados, me arrepiento de las cartas que escrito últimamente, yo hubiera querido ser franca y breve, pero me dio por lo poético, lo elaborado cuando en realidad quería decirle: Vine a verte. Llámame, quiero verte. Pero no, me senté a pensar más en cómo quería decirle las cosas que en el mensaje, y claro terminé escribiendo una carta ni larga ni breve y ahora dudo, puedo afirmar que el mensaje se perdió entre tanta palabrería.
Dejé que los reclamos acerca de mi brevedad me invadieran, por eso me puse en mi papel epistolar, pero falle. No entendiste el mensaje y ahora lo confieso: YO ODIO LAS CARTAS.
lunes, 18 de febrero de 2013
El último Tango
Si usted la viera se moriría de la risa. Nunca se le había visto en tal estado, pero créame, esa que le digo es ella, no tengo porque mentirle.
Le digo que la vi sentada afuera, en el balcón. Estaba escuchando la música que cree que le pertenece al hombre de la mesa de noche. Estaba fumando y trataba de seguir la letra. De verdad que fue todo un espectáculo, comenzó con un volumen moderado, pero después fue inundando toda la calle, cantaba para quién sabe qué público. Más tarde cuando el sol estaba en su mejor color, ella comenzó a llorar. Se quedó ahí hasta que el frío comenzó a sentirse con más fuerza. Cerró el balcón, fue directo al baño, se lavó la cara, salió peinada y se puso un vestido. La verdad es que se veía bellísima, lo más curioso es que se fue con un hombre con el rostro diferente al que tiene en la mesa de noche. Ella iba tarareando el último tango de la tarde.
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