Ve y explícale
al mundo por qué antes no salías, no sonreías, y que a veces tu cuerpo temblaba
por el temor a los demás. Anda ve y diles que poco a poco aprendiste un arte,
esa espada con la que ahora cargas. No digas que no es una amenaza. Te reto a que les cuentes todo. No te quedes parada,
ve y confiésate.
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