domingo, 23 de febrero de 2014

¡Ya no quiero volver a soñar!


El perro me mira desconcertado, y sé que tengo miedo, mucho más que él. Su respiración me parece más acelerada, casi violenta. La recámara se ilumina con las bombas que anuncian la fiesta de la iglesia. El perro llora y yo trato de calmarnos. Quiero que el sol salga y nos caliente un poco. Quitarme la duda. Salir corriendo y asegurarme de que aún está todo ahí, justo en el sitio donde lo he dejado meses atrás.

La respiración del perro inunda la habitación. Llena cada parte y las imágenes regresan a mi mente. Las manos me tiemblan y tengo mucho miedo. Los sueños no sirven para nada, pienso. Lo único que quiero es olvidar. Sí, cerrar los ojos y borrar esta nueva preocupación. A partir de este momento renuncio a los sueños, me repito. Ya no quiero ver todos los colores juntos ni formas diferentes e inexistentes. Deseo borrar todo, pero mantener la calma. ¡Ya no quiero volver a soñar! No me importa nada. Quiero arrepentirme más adelante, pero dejar de ver rostros que me abandonan, dejar los sueños atrás y mantener la pantalla en negro sólo por algún tiempo. 

El perro mantiene fija su mirada en mí y no puedo tranquilizarme. Tengo tanto miedo de que este sueño se convierta en una certeza. A nadie le gusta andar husmeando en el futuro. Nadie tiene tiempo para vivir con el remordimiento.

Salgo de la cama. Extiendo las sábanas y vuelvo a acostarme. Trato de regular mi respiración. Cierro los ojos. Trato de no pensar en nada. Cuento hasta quedarme dormida. Me doy vuelta y el perro se despierta. Respira fuerte y largo, sé que es su forma de quejarse. Durante el resto de la noche nos turnamos para interrumpir nuestros sueños, nos permitimos asegurarnos de que cada ladrillo, libro, sonrisa siga en su sitio.

jueves, 6 de febrero de 2014

MEGAGATO


MEGAGATO

Mamífero que no responde a la gravedad, es capaz de adoptar cualquier forma y color.

En las noches de luna llena se posa enfrente de ella provocando mareas altas, alterando la hora y el orden de los viajes. Le gusta provocar espejismos y comer estrellas mientras los solitarios dan paseos circulares. 

jueves, 21 de noviembre de 2013

BESTIARIO

De mi poemario Bestiario, ganador de 2do. Lugar en en la categoría de Poesía en el XIV Premio de Filosofía y Letras 2013. 


MOSCA
Este no es tu sitio
ni tu espacio.
Miles de veces el mismo lugar invadido,
zumbido infinito.
Alguien debería darte un trozo de pan,
eterna queja alada.
Todo el espacio es tuyo,
Diminutas marcas negras delatan tu atropello.
Retrocedes y el tiempo te pertenece,
nace dentro de ti algo efervescente,
rebasa tu cuerpo
y nos salpica a todos.
Ira alada,
 atraviesas,
irrumpes cada centímetro,
tus marcas están sobre todas las cosas.
Nada te pertenece,
deseas todo para ti,
incluso lo que no ha sido creado.

Quisiera responder sólo ante  el estimulo de la seda sensorial,
posarme con libertad,
estirarme encima de todos,
ir destapando cada poro,
rellenar los huecos
y agitar,
ver volar a todos
los miles de zumbidos siguiéndote,
venerándote,
preparando el cañón que te borrará.

Quisiera estirar tus alas
hacerte parte de mi colección.




LA PULGA

Ni el manto de tu madre nos mantendrá a salvo.
Siempre te perseguirá tu estirpe,
padre de tus sobrinos,
has condenado a que se repliquen generaciones
todas las voces serán iguales
y ante el espejo la ansiedad.
El terror será tu única recompensa,
trotador de mundos femeninos para siempre fecundados.

Ante ti caerán todas las leyes,
que vengan todas las voces en un solo reclamo,
que vengan y exijan tu cabeza,
tú, el que nunca conocerá la luz,
el por siempre no nacido.

Ansiedad y quebranto, tu legado
de suciedad y lamento,
brinca, brinca, permite que tus hermanas se alejen,
y dentro la historia
del infinito que respira
la eternidad. 

Ivonne Vira 

domingo, 29 de septiembre de 2013

ASÍ NO SE TOMA UN LIBRO

A mi lado un niño lee, bueno en realidad deletrea. Me hace recordar viejos y dolorosos tiempos. ¡Pobre niño!

Lo veo y pienso en mí. Hoy puedo sin ningún problema leer un libro completo, devorarlo, después ir  a la búsqueda del siguiente, y el siguiente. Ese es un camino que no tiene fin.

Miro al niño y no puedo dejar de pensar en lo difícil que eran antes las palabras. Unas largas, larguísimas y casi incomprensibles. Mundos perfectos y lejanos venían a mi mente cuando una ene incomprensible me llevaba lejos, y una vocal traicionera con cara de a que siempre amenazaba con sonar como o. Yo deletreaba, leer, nunca. Era un sueño que creí inalcanzable.

La señora que martiriza al niño lo amenaza, le da un libro. ¡Demonios! ¿Es esa la biblia? Me muevo, hago acrobacias y compruebo que no, no es la biblia, y por más que me estiro, no logro ver nada, no sé con qué bloque pretende iniciarlo en la lectura.

Lo que veo es un libro enorme, sin ilustraciones, letra diminuta que ni en mis peores pesadillas llegaría a imaginar. Realmente se ve pesado, se le resbala de sus pequeñas manos. "Así no se toma un libro" lo regaña. 

Que alguien venga y le dé un golpe a esa señora que insiste en que el niño lea en voz alta. ¿Aquí, en medio de tanto adulto desconocido? ¿En serio?

El niño deletrea en voz baja, bajísima. Le señora le reclama porque no se le entiende nada. Por supuesto que no se entiende nada. Yo le hago gestos al niño y se ríe. Quiero llamarlo y decirle que  esos garabatos no son sus enemigos, que a su edad yo tampoco podía ni quería leer. Deseo compartir con él que por algún tiempo será una pesadilla, un juego atroz,  pero un día, lejos de la mirada de esa señora, lejos de nuestros oídos y esos ¡librotes!, por fin encontrará uno que reclame ser leído. Uno que esté tan solo como él y sin las exigencias de nadie, sólo así podrá leer libremente, pero no aquí enfrente de mí y en medio de tanta humillación.


Lejos de mi ensueño el niño regresa la mirada al libro, pasa las páginas más aburrido que enojado. La señora me mira y yo, después de verlo sufrir, le pregunto si quiere escuchar una historia. La señora me vuelve a mirar un poco asustada y el niño asiente animado. Comienzo mi relato, le confieso que yo leo libros para niños y ambos me miran incrédulos. Al final del relato le hablo de esas cosas raras llamadas bibliotecas públicas y la que pone cara de susto es la señora, pero yo le sonrió, le dedico la blancura más macabra que he venido reservando desde mi primera lectura. Pienso en ella, en la señora ¿será que volverá a señalar y sacar libros, obligará otra vez al niño a leer? ¿En voz alta, en público? ¿Volverá a disfrutar de esa malicia? Yo quiero que la señora se acuerde de mí, que nunca olvide este día. El niño me escucha y me pregunta por ese señor que escribe como si fuera un niño.

lunes, 16 de septiembre de 2013

GALERÍA

Afuera una calle llena de asistentes y un cristal sucio.

Adentro la explicación acelerada y un poco atropellada de un adolescente que no termina de entender qué hace ahí un viernes por la tarde. Una pareja que deambula por las salas sin saber bien a bien qué es lo que tienen enfrente.

En los pasillos la gente se turna para entrar y salir. Pasan de un artista a otro y  pareciera que no tienen relación alguna.

Dos manos por fin se unen y los sonidos dentro de sus cuerpos va en aumento.

Alguien pide que guarden silencio, que contengan el aire y miren con mucha atención la escultura que tienen enfrente. Por un momento todo se pausa y nadie se atreve a moverse.

Una sinfonía de miradas contemplan el beso de la pareja, el resto no saben si es un performance o un hecho aislado. Nadie se mueve. El guía se ha quedado sin palabras.

Los asistentes abandonan la sala, algunos esperan ver un poco más de los nuevos artistas anónimos.

PUM PUM PUM

Los cuadros miran indignados a los nuevos amantes. Se corre el rumor de nuevas tendencias.

El arte ya no es el mismo de antes —dice unos de los presentes― ahora ya nada es lo que parece. Ahora todo es una puesta en escena.

Los pasillos se van despejando. Los guías dan una explicación diferente a cada grupo, haciéndola cada vez más compleja  y sin sentido. 

La pareja se pierde entre la multitud, su función ha terminado o una nueva está por iniciar en un nuevo lugar.


―Viste esos que fingían darse un beso —escucha el limpia vidrios en la calle. La fila ha disminuido.