jueves, 20 de junio de 2013

Cuenta cuentos


―¿En qué me quedé? ¿Qué te estaba diciendo?― me preguntas. 
Yo subo los hombros e inicias nuevamente el relato. Veo tu boca moverse, pero no escucho lo que dices. No tiene sentido ponerte atención, al menos, no desde el principio. Ambos sabemos que tienes un talento natural para mejorar tus historias, por eso ahora te ignoro.  Sé que la próxima vez que inicies el relato te darás cuenta de los errores del pasado, llenarás los huecos, cambiarás el adjetivo que viene sobrando, y entonces sí, ¡Qué historia!

domingo, 9 de junio de 2013

Basta que alguien haga un poco de ruido, que grite para que el resto de la gente tiemble de miedo, pero yo no me muevo. Me quedo quieta para ver cómo es que los demás reaccionan. Me gusta ver en sus caras esa expresión de dolor y desconcierto, de alguna forma eso me hace pensar en ti. Tu recuerdo me habita una vez más. Corro y me siento a un lado de la ventana. Jalo tu sillón y me acomodo como tú solías hacerlo. Levanto al gato del suelo y lo pongo en mi regazo. Después de un rato todos se calman. El temblor se ha terminado.

Pasa el tiempo y ninguno de los dos nos movemos. El gato no hace ningún ruido y mi respiración es lenta, casi tranquila, entonces sé que te he fallado, porque no he podido mantenerme despierta, como tú.

 El gato se vuelve a mover. Ahora todos se acercan y comienzan a contar su historia. Yo no quiero escucharlos, no quiero enterarme de nada, sólo quiero estar aquí y ver la desesperación en sus caras, el dolor en sus ojos, pero sonríen, se alegran de que todo haya pasado. Por supuesto que me desilusiono y quiero que se vuelva a repetir la escena. Deseo con fuerza verlos correr una vez más, pero el gato se vuelve a mover. Se va. Entonces entiendo que la función se acabó.


Quiero cerrar otra vez los ojos, ver un poco más allá, pero no me lo permites. Me pongo de pie, coloco tu sillón en el sitio de siempre y me marcho. Te dejo ahí, a ti y a tu gato, a la tempestad que un día despertaste, y de la cual, ahora no puedo liberarme. 

viernes, 10 de mayo de 2013

NO CORRO, NO GRITO, Y LO DEMÁS TAMPOCO ME IMPORTA.



Nos piden que abandonemos el salón en silencio, y por supuesto no hay quejas. Nadie le encuentra inconveniente alguno de salir del salón por más de quince minutos bajo el rayo del sol. Las posibilidades de diversión son infinitas. ¡Uff!

Camino entre ellos. No me quejo, después de todo debemos descansar un poco. ¿Descansar? ¿Será que es muy agotador estar en la sombra sin hacer nada? ¿De esperar media hora por una firma que te llevará al ridículo: Sí cumplió?  

Nos concentramos en el patio. Todos buscamos el lugar que nos reguardara del peligro. A lo lejos los maestros se reúnen, el director comienza a dar los oportunos avisos y aclara que se trata de un simulacro. Por supuesto que es un simulacro, en una verdadera emergencia nadie sabe cómo debe reaccionar. Correr, gritar, buscar a los amigos o ponerse a llorar son las únicas opciones que les parecen lógicas o inmediatas.

Me siento y guardo silencio. Alguien se queja y otro más dice que le importa un carajo cuánto tiempo nos tomó desalojar los edificios. Nos regañan y nos recuerdan lo que se debe hacer, cómo se debe reaccionar. ¿Cómo se debe reaccionar? Para qué hacerlo, vivir bajo el cobijo de la ignorancia ha resultado bien hasta el momento. ¿Qué decir? No hay manuales, no importa cuánto tiempo te plantes enfrente del espejo y lo repitas, el fenómeno del reflejo no te dirá ni te mostrará nada, porque no hay magia ni ilusión potente detrás del reflejado.  No la hay.

¿Qué mañana no hay clases? La ovación es inmediata, ¿pero la felicidad es genuina? ¿De verdad lo es? Cuchicheos alrededor. Planes abundantes y carentes de creatividad. Maestros leones rondándonos, callando nuestro deseos. Respira, disfruta el sol, mañana el encierro.

No puedo dejar de pensar que el simulacro después del simulacro es lo genuino, lo único, lo real, el pan de cada día. Nosotros, sí, todos nosotros los personajes protagonistas celebrando, sólo eso, celebrando la dicha de la ignorancia.

La vida es sencilla, todo se reduce a sacudir las rodillas, esperar un par de horas más y salir. Ir de un cautiverio a otro. Gritar de felicidad, porque mañana y el resto de los días seguirán siendo la oda perfecta.


Nos levantamos, entonces lo pienso: No corro, no grito, y lo demás tampoco me importa.

martes, 7 de mayo de 2013

Fotografías



Aún trataba de asimilar todo lo que había pasado la noche anterior, pero en cuanto  encontré las fotos, volví a sentirme fuera de mi órbita.

¿Así nos veíamos, todos cansados y aburridos? Cansados lo entiendo, pero ¿aburridos? La verdad es que había pasado mucho tiempo entre nosotros, es decir, había pasado el tiempo, ellos eran, y yo, sólo estaba.

Descubrí que ellos eran, precisamente eso, una unión y yo me convertí en el anexo. Al principio pensé que estaba exagerando, pero conforme fue avanzando la noche, lo confirmé. Estaba consciente de que yo había desaparecido, y al volver no tuve ni la más mínima cortesía por preguntar  lo esencial. Trate de que todo se mantuviera igual, pero fue imposible, debí haber advertido todos los cambios. Quizás si yo hubiera...

No tuve tiempo para nada, sólo quería averiguar lo otro, lo que parecía ser lo inmediato., y por lo tanto, lo más importante. Debo admitir que tengo todos los detalles que andaba buscando, pero no hay satisfacción alguna, es más un hueco. Siento que perdí el tiempo y  es una herida lo que me queda al final.

Entre broma y broma pude escuchar todo eso de lo que me perdí, y ahora tengo que explicarles que no era necesario, que al ahorrase todos los detalles me hicieron sentir culpable, lejana.  Ellos no pudieron ver mi mueca, y no hay manera de recuperar el tiempo, o de volver al pasado e incluirme, todos sabemos que no sería lo mismo. Y ahora tengo que pretender que entiendo su lenguaje improvisado, que yo también puedo recordar. Ojalá yo...

Ahí estábamos todos, pero a tres millones de años luz lejos, tan distantes como me habían reclamado.

Vuelvo a ver la foto, pienso que quizás sólo estamos muy cansados, tan fastidiados del simulacro que hemos tenido que vivir. ¿Desde cuándo no tenemos nada que decir? ¿De qué hablábamos antes? 

Trato de no cerrar los ojos y comprender lo que sucedió, quisiera asimilar que ya no somos, pero podemos volver a intentarlo. Quizás es la falta de enfoque y la poca luz que hay en la foto, quizás sea eso lo que nubla todo y no me permite entender lo que sucede en realidad. 

sábado, 4 de mayo de 2013

CUALQUIER ESPACIO PUEDE SUPLIR EL PRESENTE.



Cierro los ojos y apunto en cualquier dirección. Pienso que  nada contiene todo lo necesario. Trato de pensar en el pasado. Fijo mi mirada en todos los detalles, pero hay pequeños borrones que no me permiten ver todo el conjunto. Quizás mañana. Quizás otro día o más tarde con otros ojos. 

        A esta hora siento que cualquier espacio puede suplir el presente. Cualquier yo puede salir disparado para siempre, y ser otro alejado de mi ser. Puede tener la ventaja de una vida que si le pertenece.

 Quiero ser el rey de los espacios en blanco. Entrar en cualquier parte de la historia y ser casi tan real como el tiempo inventado. Convertirme en el portador de las esparcimientos y los retrasos. Trazos de vidas no pasadas ni futuras. Recipiente incapaz de contener los sueños. Ver llorar a las cigüeñas. Alargar la diversión que hay detrás de la entregar de problemas y niños rotos. Esperar detrás de la puerta para poder sentir ese silencio cálido que hay detrás de la frustración.  

 Permanecer hasta que hablen esas voces que nada saben, que todo lo ignoran y que levantan muros. Que hablen esas voces negras, llenas de pasiones ajenas. Que hablen para siempre del sinsentido. Que hablen eternamente de lo que nunca han sentido. Mantenerse de pie bajo el sol sólo para ver como una piel amarga, ácida, por fin las contenga. Que las habite el trueno y la tormenta. Sus voces-lamentos llegaran a todos en forma de reliquias. Guarden un pedazo de éste, que amenaza con ser su única recompensa.

 Sus manos se alargan y me llaman a lo lejos, me hacen recordar que debo aprehender todo lo que esté al alcance de mi luz. Sus ondas me indican que camino seguir para ir de una órbita a otra, para recordar la única tarea que está atada a mi piel, me susurran que debo alienar todas las vidas futuras del hombre que pronostica el tiempo. 

 Cierro los ojos y apunto en cualquier dirección, sus manos me extraen de esta vida, y me llevan a la siguiente, donde su color huele a todos los males que no evité.