martes, 19 de marzo de 2013

CONVERSACIONES QUE SE CONVIERTE EN ACUERDOS.



Es algo que Ella no puede evitar, pero siempre que charla con él se imagina que habla con ella y con otra tres más. No se pone ni triste ni celosa, porque no sabe cómo es que debe reaccionar. Está al tanto de la situación. Sabe lo que pasa.

            En un momento de honestidad se ofreció como sujeto de experimentación. Decidió formar parte del club, círculo, comunidad, como sea que después decidieran nombrarlo. No hubo mentiras, pero ahora le es inevitable no caer en los terribles cuestionamientos, en el y si.

            Maldice y bendice el momento aquel en el que creyó que necesitaba honestidad.

            Ahora con todas las formalidades, y siguiendo las políticas necesarias, se pregunta por él, pero rodea el tema, y  cuando ambos están cansados deja que salgan las preguntas que le carcomen desde el principio.

            Recuerda.

¿Cuán honesto quieres que sea?le pregunta él.

            Hasta ese momento Ella desconocía que se podía ser honesto a medias, por tanto, antes de que siguiera con sus juegos le pidió que fuera completa e irrevocablemente honesto.  

            Ella miró la pantalla por un momento, se detuvo a respirar, y después se dedicó a leer cada una de las líneas que él le había mandado. Antes de que Ella pudiera demandar alguna explicación, él la lleno de verdades no solicitadas.

            Después de un discurso breve y conciso le preguntó si estaba bien. El error fue que no lo pensó, sólo respondió que sí, aceptaba. Poco después pensó que había sido un momento de arrebato, pero mientras sus manos y sus cejas le sudaban, cada vez más se convencía de que no tenía nada que perder.

             Sí— le volvió a contestar. Ella no tenía ningún problema, podían seguir adelante. No había error.
            No le molesta esperar, mientras él contesta, mientras existe para ser compartido. Revisa su agenda. Tacha la casilla “Hablar con él” y revisa las que faltan: “Sacar la basura” “Pagar la luz” “Releer las notas”.

            Regresa a la realidad que los contiene, más tarde tendrán tiempo para reformular su vocabulario. Ahora hablan con sinceridad, corren el riesgo de decir lo que sea necesario, y ver que no pasa nada. Nunca pasa nada.  Ahora ya sabe que puede sentirse tranquila.

No hay traición, no hay mentiras.

Todo lo demás desaparece.

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