domingo, 31 de marzo de 2013

NOS DIJERON QUE...



Aquella tarde nos dijeron que nos fuéramos con cuidado y que no camináramos por la orilla. Escuchamos con atención todos los consejos y las indicaciones que debíamos seguir. Trataron de no asustarnos demasiado.

            A veces yo levantaba la vista y veía tu cara. Había algo extraño, un dolor pequeño. Pero hiciste un gran esfuerzo al mantener serio, casi intocable, pero eso no evitó que yo lo viera. Percibí que tus ojos se llenaban de lágrimas, pero lograbas contenerlas. Hiciste hasta lo imposible por no perder la calma.

            Cuando llegó la noche mientras terminábamos de guardar nuestras pertenencias, lo supe. Vi ese malestar que te hacía sombra, pero guarde silencio. No te dije nada. Cuando llego el momento nos pusimos las chamarras y agarramos las mochilas. Salimos sin encender la luz y sin hacer ruido.

            No te lo dije, pero antes de salir dejé sobre la mesa la nota que anunciaba nuestra partida.  Aunque ya todos sabían que nos marchábamos quise dejar una prueba, algo que pudieran enseñarme, si es que un día decidía a regresar.

            Cuando encontramos el camino que nos habían trazado, te pedí que te detuvieras a mirar lo que dejábamos atrás, también cometí la torpeza de decirte que te iba a extrañarlo  todo. Fue entonces cuando ya no pudiste más y me dijiste que no podíamos irnos, que no podíamos abandonar nuestro hogar. Yo te abracé, sabía que esto pasaría. Algo dentro de mí necesitaba comprobarlo, supongo que por eso guardé silencio.

              Él nunca quiso irse, sólo lo hacía por mí. Comenzó a llorar, no era un llanto liviano y simple. No, algo de verdad le dolía, así que le dije que a él también lo iba a extrañar. Comencé a caminar, lo dejé atrás y me fui por la orilla. No me atreví a voltear para verle la cara. Me uní a la oscuridad y seguí.

            A veces por la noche, cuando camino sola por las calles volteo y puedo verlo a lo lejos, llorando. Otras veces puedo escuchar un murmullo que me llama, pero me niego a entenderlo.Te niego. Ya me despedí una vez, ¿para qué hacerlo otra vez? 

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