martes, 2 de abril de 2013

Sí, el hubiera...


Y yo que no era fan del terrible hubiera, ahora no puedo negarlo. Me rindo ante él y pido disculpas. Me arrepiento por tantos años de vivir en medio de la contradicción. Realmente me arrepiento.

            Veo al hubiera rosando mis huesos y no puedo dejar de pensar en todas esas posibilidades que antes dejé pasar. Me siento a meditar en eso que se fue y que ya no regresará. ¿Será que puedo pedirle que me perdone? ¿Lo haría, de verdad me daría una oportunidad?  

            Trato de imaginar si ahora seríamos un amasijo de dulzura o cualquier otra cosa irreal. ¿Cómo saberlo o tratar de suponerlo? ¿Cómo?  Las cosas cambias y el soplamocos es inminente. ¡INMINENTE!

            ―Disculpe, le juro que no lo vuelvo a hacer― pero el señor Hubiera no me mira. No me escucha.

            Me deja ver un rostro con la cara maquillada. Algo a lo lejos que puede ser cualquier cosa, un tigre, un león, un gato o un niño que nunca creció. Sigue a lo lejos, de pie a un lado de sus padres, de su familia a la que nunca ha negado. No sé si yo hubiera cumplido con los requisitos para ser parte de la foto.

            ― ¿Señor, usted cree que yo hubiera tenido una oportunidad?― no me contesta. El silencio lo gobierna. El viento sopla fuerte, insiste en llevar mi cabello de un lado a otro y no puedo controlarlo.

            ― Señor por favor, no me mire así. Le pido que no me mire de esa manera.― Le suplico una última vez, pero no me mira, no se mueve. Comienzo a caminar lejos de él. Cierro los ojos. No hay más preguntas.

            Me rindo ante el esplendor y la vanidad del hubiera. Me entrego a él como si fuera lo único de lo que puedo vivir, y me voy pensando en los nuevos lamentos que esto me provocará. Me duele todo con sólo pensarlo y lo disfruto.

            Alabado sea el hubiera. Alabado sea. 

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