jueves, 11 de abril de 2013

OLÍA A...



Te digo ese muchacho olía más que bien. ¿Cómo que qué muchacho? Pues el de la esquina y ya deja de  mirarme de esa forma.
            ¿A qué olía? Era un olor que te dejaba poner un pie en el edén. Fue un momento breve, pero te juro que por un momento pude tocar lo eterno.  Sí, quizás exagero... quizás.
            No, por supuesto que no olía a cítricos. Te digo que era un olor especial, no digo que único, es especial para mí. Es algo que no provoca mareo o repulsión. No, es algo diferente.
             Olía, como esa angustia que queda después de la primera mentira. Como la desproporción de las limitaciones. Un ir en reversa y querer mantener el ritmo.
            Por supuesto que puedo identificar ese aroma, y no, no estoy inventando nada. Claro que puedo decir el nombre exacto.
            Te digo que ese muchacho, al que hemos dejado tres cuadras atrás, olía a...

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